Nicaragua : Turismo y Revolución
Por Ana Wajszczuk
Revista C (Diario Crítica de la Argentina)
Las huellas de la Revolución Sandinista, que entró triunfal a Managua hace exactamente treinta años, son una excusa para viajar por Nicaragua. Una mezcla de historia y maravillas naturales que están convirtiendo al país en un de los destinos cada vez más deseados por el turismo internacional.
Era el mediodía del 19 de julio de 1979. Sin mediar partidos, la Plaza de la República, en el corazón de Managua, empezaba a rebosar de gente. En primer plano, diez, veinte, cincuenta hombres, mujeres, niños, todos jóvenes y sonrientes, flacos y exhaustos, sobre una tanqueta de guerra pintarrajeada con vivas al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), el Palacio Nacional de fondo, los fusiles Galil arrebatados a la guardia de Somoza1 en alto, y coronando la pirámide humana, ondeando al viento que cae recto y áspero sobre Managua, una bandera roja y negra: la bandera del FSLN, homenaje a la bandera que Augusto César Sandino2 había levantado por primera vez en las montañas de las Segovias al empezar su guerra contra la intervención estadounidense en 1927. En 1979, Nicaragua (o nic-atl-nahuac, “aquí junto al agua”, en el original nahuátl), el país mas grande de Centroamérica, de lagos enormes como mares y cadenas de volcanes como centinelas, de playas de postal y miseria encarnizada, por donde pasaron desde tiempos inmemoriales terremotos y huracanes, filibusteros y piratas, buscadores de tesoros y poetas, dictadores como los muchos del clan Somoza y revolucionarios como el héroe nacional Sandino, era el lugar donde –se sentía, se palpaba– estaba ocurriendo la última gran utopía del siglo XX: la Revolución Sandinista. Hoy la foto en blanco y negro se repite en las tiendas como postal.
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