» 1808, una hora española
por Mercedes Dominguez
1808 fut une année décisive pour l’Histoire de l’Espagne. RAICES vous propose à partir de ce numéro une série d’articles sur les événements majeurs qui se produisirent alors.
Hay fechas que, al decir de un conocido historiador, tienen «carisma propio»; en la Historia de España, junto con otra crucial como 1492, que marca el inicio de la Edad Moderna, destaca sobre todo el año 1808, generalmente asociado a la mitificada guerra de la Independencia, que en realidad se prolongó hasta 1814. Con él se abre en España también una nueva época: la Edad Contemporánea. Fue un año que ha quedado especialmente grabado en la memoria de los españoles, en gran parte gracias a un testigo excepcional: el pintor Francisco de Goya (1746-1828), quien nos dejó plasmados en sus cuadros escenas trágicas y heroicas, y en 80 estampas los Desastres, la otra cara de todas las guerras.
Pero los grandes acontecimientos de que tan rico es el año 1808 (el motín de Aranjuez y las vergonzosas negociaciones de Bayona; el alzamiento popular del 2 de mayo; la batalla de Bailén; los sitios de Gerona y Zaragoza…), aunque a primera vista parezcan reacciones aisladas, alzamiento espontáneo de un pueblo acosado por una potencia extraña, fueron más bien el inevitable resultado de la confusión política interna y externa que venía arrastrando el país, concretamente desde Trafalgar. Aunque la derrota fue compartida con Francia, para ésta tuvo escasas consecuencias negativas, como lo demuestran los triunfos que Napoleón seguía cosechando en toda Europa. España, en cambio, perdió el dominio del mar, con catastróficas consecuencias para las comunicaciones con las colonias americanas, por una parte; y no en último lugar, con las pérdidas consiguientes para la economía y finanzas de España, al quedar casi paralizado el comercio con la metrópoli.
Para colmo, dada la situación europea, la alianza con Napoleón era la única alternativa que se le ofrecía a España para poder defender eficazmente el imperio contra las apetencias inglesas, que llegaron a ocupar plazas importantes, como por ejemplo Buenos Aires (1807).
Napoleón y la extraña familia
Para comprender el marasmo reinante en casi toda la sociedad española, nada mejor que presentar a la caótica familia que regía sus destinos, tal como fue vista y retratada por el pintor de cámara Francisco de Goya. Indiscutiblemente como figura central destaca la reina María Luisa de Parma; también en primer lugar, como no podía ser menos, aparece el rey Carlos IV; a la izquierda –como su padre en posición avanzada–, el príncipe heredero, el futuro Fernando VII; y en plano secundario, los infantes y familiares.