»Gitanos en la mira
Dossier réalisé par Verushka Alvizuri
Parmi les figures du rejet de l’autre que l’on peut trouver dans la société espagnole se trouve celle du « gitan marginal ». Il s’agit avant tout d’un stéréotype difficile à extirper des mentalités. Il est aussi une mine de préjugés et de discriminations.
Le presento al gitano marginal: ése que no se quiere como vecino, ni como marido, ni como compañero de escuela. Conozca al estereotipo feroz que acecha a quien se atreva a escribir sobre los gitanos. Multiforme y camaleónico, el prejuicio es la materia prima del rechazo al que no conocemos. Un rechazo que se ha exacerbado en toda Europa. Y España, cuna del flamenco –la más gitana de las expresiones– no es una excepción. El rechazo hacia los gitanos está creciendo, como la mala hierba, en la escuela y el vecindario. Entre las actitudes que derivan de los estereotipos, figura principalmente el rechazo del matrimonio, de la amistad con gitanos, el rechazo a tenerlos como compañeros de escuela, como vecinos, el rechazo a que “reciban ayudas”, el rechazo en general y el deseo que se vayan del país los “gitanos malos”. Para muestra, dos historias recientes salidas de la prensa española: una actualidad candente.
“Fuera los gitanos malos” Una tensa calma se ha instalado en Castellar. En este pueblo de Jaén, de 3.500 habitantes, se calcula que hay unos 90 gitanos instalados de manera permanente. Son sedentarios, algunos han nacido en Castellar y envían a sus hijos a la escuela. En noviembre, una banal pelea desemboca en una revuelta de unos 300 habitantes que no desean a los gitanos como vecinos. Increíble pero cierto, la turba comenzó a gritar “Fuera los gitanos” y los canales de televisión registraron estas imágenes que provocan frío en la espalda. Para evitar un baño de sangre, el alcalde sugiere a los gitanos que se vayan hasta que los ánimos se hayan calmado. Unas setenta personas se van, pero quedan dos familias. Se quedan, quizás arriesgando su seguridad, por la sencilla razón de que Castellar es su hogar. Llega la policía anti disturbios y los expulsados vuelven a sus casas, resguardados. Mientras vuelve la paz, los niños asisten a la escuela escoltados, las mujeres tienen miedo de ser apedreadas si salen a la calle. Lo ocurrido en Castellar no es un caso aislado. Cada semana la prensa española produce una historia reveladora del prejuicio con el que los gitanos son percibidos. Por lo mismo, la figura del gitano aparece como el chivo expiatorio de las frustraciones sociales.