Asunción en flor
por Gustavo E. Clariá
La pintoresca capital paraguaya vista por ojos foráneos que se dejaron seducir por su belleza y su gente. Impresiones de una visita que duró nueve años.
La tranquilidad del vuelo se interr-umpe por la voz del comandante que desde los altoparlantes anuncia que empezamos el descenso. La tierra cobriza se me viene encima, y mientras descendemos, la antigua ciudad asuncena aparece allí abajo con sus formas inconfundibles en torno a su río que la protege y la define. Por un instante, me distraigo atraído por el fuerte color purpúreo del ocaso: el sol parece zambullirse en las aguas del Paragua’i1 y sus llamas, en vez de apagarse, se dilatan como fuego que encienden el horizonte.