» Mallorca viva un invierno inolvidable
Por Ramón Vilalta
Al pensar en Mallorca uno suele imaginar la clásica postal veraniega mediterránea, pero la llamada "isla de la calma" posee, además, un encanto especial en invierno, puesto que entonces recupera su autenticidad.
Durante el invierno la vida en Mallorca discurre con tranquilidad; apagados los ruidos y bullicios del verano, el ambiente sosegado propicia el disfrute de sus paisajes invernales.
Los atractivos del invierno mallorquín no sólo fueron inspiración para la escritora francesa George Sand y el compositor polaco Frédéric Chopin; son, además, aprovechados cada vez más por turistas que desean disfrutar de sus temperaturas suaves, recorrer su naturaleza y sus pequeñas y apacibles ciudades, todo ello sin estrés ni aglomeraciones y con tarifas hoteleras reducidas.
La ciudad y el campo
En invierno, Mallorca ofrece sobre todo un turismo más de interior que de playa. La oferta es muy variada; por ejemplo, se puede pernoctar en sus encantadores alojamientos rurales y disfrutar del campo.
Visitar la monumental ciudad de Palma es una de las actividades que se pueden realizar en invierno, sin los calores ni la afluencia excesiva de turistas. Entre las visitas imprescindibles, cabe destacar su hermosa catedral de La Seu, de estilo gótico provenzal con influencia lombarda, cuya joya principal es la Porta del Mirador; también merece la pena contemplar la lonja (Llotja), construida en 1426 en estilo gótico, y el Palacio de la Almudaina, la antigua ciudadela construida por los árabes.
Una actividad muy bonita es recorrer la Ruta de los Patios Mallorquines, que enlaza con el Paseo del Borne, el Palacio de La Almudaina y con La Seu y el Parc de la Mar. En las proximidades de la capital, se pueden visitar los mercados de los pueblos, especialmente de Santa Maria (los domingos), el de Inca (los jueves) y el mercado ganadero y el general de los miércoles en Sineu.
En Palma se puede gozar también del esplendor de alguno de sus antiguos palacetes
recuperados como hoteles. Uno de ellos es el Puro Hotel, que está ubicado en
un edificio del siglo XIV y dotado de una decoración moderna, desenfadada y a
la vez exquisita. Sus 26 habitaciones son un oasis para los sentidos, y su restaurante "Opio" sirve
una comida mediterránea con toques asiáticos. Otro es el Convent de la Missió,
emplazado en un convento del siglo XVII, con una depurada decoración de diseño
vanguardista y una galería de arte. El Hotel San Lorenzo es otra de las direcciones
recomendadas para disfrutar de Palma; es un establecimiento con encanto, ubicado
en un palacete del siglo XVII, decorado en estilo tradicional mallorquín y emplazado
en el antiguo barrio de pescadores de San Pedro, muy próximo
a la lonja.
